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Visión e intención justas (Óctuple Noble Sendero)

17.07.2019

Este artículo forma parte de un compendio de textos que hablan sobre las Cuatro Nobles Verdades, la primera enseñanza que dio el Buda. En el primer artículo presentamos la primera y la segunda Nobles Verdad, y en el segundo introdujimos la tercera y la cuarta, siendo esta última la que se conoce como el Óctuple Noble Sendero. Hoy os presentamos las dos primeras ramas de este noble camino para la liberación, la visión y la intención justas. 

 

Visión justa

 

Parecería lógico que, al explicar el óctuple sendero, el Buda hubiera enunciado la recta visión en último lugar, pero eso sería olvidar que el propósito del camino es liberarnos del sufrimiento. Un sufrimiento que, como hemos dicho, se entiende como ignorancia, por lo que el antídoto será la sabiduría. Y desarrollar la sabiduría última, alcanzar el estado de despierto, sólo es posible mediante una comprensión profunda que permite ver las cosas tal y como realmente son (1).

 

De modo que el entrenamiento en la sabiduría (eso es, desarrollar la visión y la intención justas), por paradójico que sea —pues es el estadio más elevado del progreso espiritual—, se explicita justo al inicio del camino: “la visión justa provee con la perspectiva para practicar y la intención justa con la dirección que seguir” (2). Ahora bien, hay que tener en cuenta que no sólo juegan un papel preparatorio, sino que una vez la mente se ha entrenado en la disciplina moral y en la concentración, conduce a una visión e intención superiores. Pero, ¿qué es la visión justa o correcta? De entrada, como indica Bhikkhu Bodhi, la visión justa es el faro de todos los demás factores, pues alumbra el camino: señala desde dónde partimos, hacia dónde nos dirigimos y los puertos que hay que alcanzar a medida que progresa el viaje.

 

Para definir el término, y siguiendo un esquema muy habitual en el budismo, Trungpa Rinpoché empieza utilizando una definición negativa, explica lo que no es la visión justa o, básicamente, lo que es la visión errónea. Para este gran maestro, la visión errónea es fruto de la “conceptualización”: una hábito automatizado que nos lleva a encorsetar la experiencia mediante etiquetas (3) y que conduce a “congelar el espacio” (4). Para Trungpa, el énfasis está en que la visión justa es aquella que acoge cada situación como es y por lo que es, sin necesidad de añadir o de eliminar ninguna de sus caras: “la actitud filosófica podría ser simplemente la de ver la situación tal como es” (5).

 

Según Bhikkhu Bodhi, desarrollar la visión justa es fundamental porque las representaciones que hacemos sobre la realidad tienen unas consecuencias que superan las simples “convicciones teóricas” (6). Sin una apercepción clara sobre la visión que formamos de las cosas, y sobre cómo esta nos condiciona, nos veremos arrastrados y gobernados por esta misma visión sin posibilidad de escoger realmente cada uno de nuestros pasos:

 

Nuestros puntos de vista pueden no estar claramente formulados en nuestra mente; podríamos tener solo una comprensión conceptual nebulosa de nuestras creencias. Pero ya sea formulado o no, expresado o mantenido en silencio, estos puntos de vista tienen una gran influencia. Estructuran nuestras percepciones, ordenan nuestros valores, cristalizan en el marco conceptual en el que nos interpretamos el significado de nuestro ser en el mundo (7).

 

Bhikkhu Bodhi perfila algo más la idea de visión correcta y expone la diferencia entre cultivar una visión correcta mundana y una visión correcta superior. Si la visión condiciona la acción, dice Bhikkhu Bodhi, las acciones a su vez van a determinar consecuencias, lo que va a desencadenar, probablemente, en un refuerzo de las visiones que determinaron la acción en primera instancia. Esta cadena provocada por la visión es lo que Bhikkhu Bodhi llama “compromiso ontológico” (8): nuestra visión da forma al mundo y a lo que nos pasa, nuestra visión sella la realidad para que sea de una forma y no de otra.

 

De ahí que se pueda hablar de una visión correcta y una incorrecta, donde la primera implica una correspondencia clara y nítida con la realidad y la segunda todo lo contrario. La visión correcta conduce a la liberación del sufrimiento y la incorrecta a la perpetuación del mismo. Cuando nos referimos a la visión estamos hablando de un aspecto nada nimio, pues “el mismo Buda dice que no ve un solo factor tan responsable del surgimiento de estados mentales malsanos como una visión errónea, y ningún factor tan útil para el surgimiento de estados mentales saludables como la visión correcta” (9).

 

 

De la visión correcta, estriban dos vertientes: la visión correcta mundana y la visión correcta superior. La mundana, básicamente, implica una comprensión correcta de la ley del karma y su eficacia en un sentido moral. Para tener una comprensión correcta del karma hay que entender, a su vez, que: (i) hay una distinción entre el karma saludable e malsano; (ii) los principales casos de cada tipo; (iii) las raíces de las que emergen estas acciones.

 

(i) Es karma es malsano si obstaculiza el desarrollo espiritual y genera sufrimiento hacia uno mismo y hacia los demás, y saludable o sano si es lo contrario; (ii) las acciones malsanos son: matar, robar, conducta incorrecta debido a sustancias tóxicas, mentir, calumniar, decir palabras hirientes, charlatanería, codicia, voluntad perniciosa, visión incorrecta; y abstenerse de cometer este tipo de acciones es el karma saludable; (iii) el karma es saludable o malsano en función de si las raíces lo son o no lo son a su vez, y las tres raíces perniciosas son la codicia, la aversión y el engaño; sus opuestos son la no-codicia (que implica renuncia, desapego y generosidad), la no- aversión (que implica amor benevolente, simpatía y amabilidad) y el no-engaño (que implica sabiduría) (10).

 

Ahora bien, la visión correcta mundana no es suficiente para alcanzar la liberación, pues uno podría comprender el karma y limitarse a potenciar acciones sanas para tener un renacimiento superior. La visión correcta superior es aquella comprende las Cuatro Nobles Verdades, pero no conceptualmente, sino que las ha aprehendido, las ha realizado (11). La visión justa es, a la vez, el motor de la acción y la culminación de esta, la vivencia auténtica y directa de las enseñanzas que impartió el Buda por primera vez.

 

Intención justa


Como explica Bhikkhu Bodhi, a menudo se traduce samma sankappa, donde samma es "justo" o "correcto" y sankappa significa "intención”, también como pensamiento correcto o justo, ya que se refiere al “aspecto conativo o al propósito de la actividad mental, el aspecto cognitivo que está cubierto por el primer factor, la visión justa (12). Es casi innecesario señalar la íntima unión entre un factor y otro, pues desde la perspectiva budista, los lados cognitivos y intencionales de la mente no permanecen aislados en compartimentos separados, sino que se entrelazan e interactúan en estrecha correlación. Las preferencias emocionales influyen en nuestra visión de las cosas, y nuestra visión de las cosas determina nuestras predilecciones (13).

 

La intención justa se explica en tres aspectos: el pensamiento de la renuncia, el pensamiento de la buena voluntad y el pensamiento o la intención de no dañar; y cada una de ellas tiene su opuesto, que se entiende como intención no correcta o injusta. Explica Bhikkhu Bodhi que cuando el Buda estaba meditando antes de su iluminación se dio cuenta de que podía clasificar sus pensamientos en dos: aquellos impregnados de deseo, mala voluntad y agresión; y aquellos de renuncia, de buena voluntad y de espíritu inofensivo (14). Evidentemente, los primeros le alejaban de su objetivo último, la liberación, y los segundos le acercaban a ella, por lo que se entrenó en ignorar a unos y a fomentar los otros.

 

Si la intención o pensamiento justo se hallan en segunda posición es porque la intención es el “proceso mental que enlaza el pensamiento con la acción” (15), porque “la función intencional de la mente forma el crucial enlace que conecta nuestra perspectiva cognitiva con nuestros modos de participación activa en el mundo” (16). El pensamiento o la intención es el antecedente a la acción, y de ahí la radical importancia que tiene. Trungpa Rinpoché lo explica así: “cuando nos topamos con una situación pensamos, y el pensamiento predispone a la acción. Nuestra preocupación constante por saber qué nos dice la situación acerca de nuestra seguridad hace que la intención sea triturada entre dos mandíbulas” (17).

 

Aquel que se ha adentrado en el Óctuple Noble Sendero, sin embargo, y que ha sabido poner la visión justa dentro del marco de su propia vida, procurará esquivar las “mandíbulas” de la existencia, y con ello su intención se convertirá en una visión justa por ser la intención o el pensamiento de la renuncia. Ahora bien, al constatar que dukkha todo lo abarca, inevitablemente la mirada se dirige al “otro”, que también sufre, lo que eso genera y nutre la intención de la buena voluntad y del no dañar a los demás (18).

 

Si recordamos las raíces del karma malsano, codicia, aversión y engaño, veremos que el hecho de generar estas intenciones correctas las neutraliza. Cuando aparecen pensamientos de renuncia, eso reduce los pensamientos de codicia y deseo; cuando se presentan pensamientos de buena voluntad o intención, eso disminuye la aversión y todos aquellos deseos de dañar a los demás. Así, una intención justa conduce, de nuevo, a erradicar las raíces del sufrimiento.

 

 

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Notas

 

(1) Bhikkhu Bodhi 1999: 12

(2) Bhikkhu Bodhi 1999: 13

(3) Trungpa 2011: 92

(4) Trungpa 2011: 93

(5) Trungpa 2011: 93

(6) Bhikkhu Bodhi 1999: 14

(7) Bhikkhu Bodhi 1999: 14

(8) Bhikkhu Bodhi 1999: 14

(9) Bhikkhu Bodhi 1999: 15

(10) Bhikkhu Boddhi 1999: 18

(11) Bhikkhu Bodhi 1999: 22

(12) Bhikkhu Bodhi 1999: 26

(13) Bhikkhu Bodhi 1999: 26

(14) Bhikkhu Bodhi 1999: 27

(15) Trungpa 2011: 93

(16) Bhikkhu Bodhi 1999: 27

(17) Trungpa 2011: 93

(18) Bhikkhu Bodhi 1999: 29

 

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Bibliografía

  • BHIKKHU BODHI (1999) The Noble Eightfold Path. The way to the end of suffering. Buddhist Publication Society. Disponible en línea: http://www.buddhanet.net/pdf_file/noble8path6.pdf

  • TRUNGPA RINPOCHÉ, CHÖGYAM (2011) El mito de la libertad. Editorial Kairós:

    Barcelona

 

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Este artículo forma parte de una serie de entregas de algunos de los trabajos de final de curso de estudiantes del Curso de Meditación de Casa Virupa

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