Por qué lloran los yoguis: la muerte de Gurú Rinpoché según Yeshe Tsogyal


Hoy, con motivo del décimo día del calendario lunar, Día de Gurú Rinpiché, os presentamos la segunda mitad de un artículo sobre la vida de la gran yoguini tibetana, Yeshe Tsogyal (s. VIII e.C.). En esta última entrega destaca especialmente el episodio que narra la muerte de Gurú Rinpoché, el maestro de la yoguini. Un canto hermoso a la relación maestro-discípulo.

En el capítulo previo vimos cómo nació Yeshe Tsogyal y las dificultades que sufrió hasta encontrarse con su gurú, Padmasambhava. Después de un largo periodo de entrenamiento a su lado, su maestro la invita a practicar "las ocho austeridades", un conjunto de unas prácticas ascéticas y espirituales que la joven yoguini debe superar para tener un total dominio de su mente.

Entre las visiones que sufre Yeshe Tsogyal al practicar las austeridades y que no representan otra cosa que los maras que pretenden tumbar la determinación de la joven yoguini, ha sido especialmente destacada la siguiente:

Un grupo de jóvenes atractivos y encantadores, con bellas complexiones, que olían dulce, resplandecientes de deseo, hombres fuertes y capaces, jóvenes a los que una chica solo necesita echar un vistazo para sentirse excitada. Comenzaron dirigiéndose a mí con respeto, pero pronto se familiarizaron, relataron historias obscenas y hicieron sugerencias lascivas (...). Vencidos por el esplendor de mi samadhi, algunos de ellos desaparecieron inmediatamente; algunos los reduje a pequeños fraudes al comprender todas las apariencias como ilusiones.

En el texto se describen otras muchas visiones que incluyen a bestias salvajes, criaturas terroríficas, sonidos aterradores e imágenes similares que no consiguen vencer a Yeshe Tsogyal: sigue determinada en iluminarse. Así, Tsogyal logra amaestrar las seis austeridades y alcanza la budeidad. Después de esto, va a encontrarse con Gurú Rinpoché, que la alaba por sus realizaciones dhármicas y da una serie de profecías. Destaco este fragmento que se ha hecho muy conocido, pues señala la superioridad de la forma de una mujer en lo que al camino de la iluminación respecta:

¡Yoguini experta en Mantra Secreto!

La base de la Liberación

Es el marco humano, esta forma humana común;

Y aquí, las distinciones entre masculino y femenino

No tienen consecuencia ninguna.

Aun así, si la bodhichitta la ennoblece,

La forma de una mujer será, en verdad, suprema.

Inmediatamente después de que Padmasambhava la alabe, sugiere que Tsogyal debe encontrar un joven para que sea su consorte en el yoga de la inmortalidad. Ella responde que también quiere la iniciación de Vajrakilaya o Dorje Phurba, el Removedor de Obstáculos, específicamente por los obstáculos que ella, como mujer, ha tenido que enfrentar:

Soy una mujer tímida y de escasa habilidad; de condición inferior, el blanco de todo el mundo. Si salgo a pedir, me echan los perros; si se cruzan en mi camino comida y riquezas, soy la presa de los ladrones; puesto que soy hermosa, soy carnada de cualquier vagabundo lascivo; si estoy ocupada con muchos quehaceres, los campesinos me acusan; si no hago lo que creen que debo hacer, se me critica; si cometo algún error, todos me detestan. Tengo que preocuparme por cuanto hago. ¡Esto es ser mujer! ¿Cómo podría una mujer alcanzar realizaciones en el Dharma? Ya es suficientemente difícil tratar de sobrevivir.

Y así como Padmasambhava no tenía previsto otorgarle la iniciación, tras esta súplica de Yeshe Tsogyal, él accede. Ella va en busca de su consorte y Gurú Rinpoché otorga la iniciación de Dorje Phurba, cuya identidad adquieren rápidamente, además de tener una visión de deidades del mandala de Phurba y alcanzar el siddhi de Phurba.

El capítulo seis, muy breve, narra en forma de verso las evidencias en el éxito de su práctica a lo largo de sus años de práctica: el calor místico, la visita de deidades y la budeidad. Con ello llegamos a los dos últimos capítulos, relacionados con “establecer, expandir y perpetuar la enseñanza” (capítulo 7) y su “florecimiento y budeidad” (capítulo 8).

A parte de explicar el conflicto entre budistas y böns y resolución del mismo, el capítulo siete es especialmente central porque narra la forma en la que Tsogyal va expandiendo y aposentando el Dharma. También cuenta cómo, en uno de los lugares en los que reside por una temporada, un grupo de siete forajidos le roban y la violan. Sin embargo, de nuevo, la dakini les convierte al Dharma y ellos obtienen altas realizaciones, convirtiéndose en mahasiddhas.

También, por mandato de Gurú Rinpoché, junto con otros discípulos recopilan y escriben todas las enseñanzas de su maestro para esconderlas como futuras revelaciones.

Llega entonces un momento crucial de la biografía, y es la muerte de Gurú Rinpoché, que él ya había anunciado como inminente. Es especialmente conmovedor cómo Yeshe Tsogyal, la gran mahasiddha, maestra por derecho propio, suplica a su maestro que no la abandone. Reproducimos aquí algunos de los hermosísimos versos que dedica a su maestro:

¡Ay! ¡Ay! Señor de Orgyen,

Estás aquí en este instante, pero te irás al siguiente.

Seguramente esta es la impermanencia del nacimiento y la muerte.

¿Cómo puedo detener el proceso de nacimiento y muerte?

¡Ay! ¡Ay! Señor de Orgyen,

Hemos estado juntos tanto tiempo

Y ahora en un instante estaremos separados

Esto es seguramente lo que se entiende por reunión y despedida.

¿Cómo puedo quedarme contigo para siempre?

¡Ay! ¡Ay! Señor de Orgyen,

En el pasado, has penetrado en todo el Tíbet.

Pero ahora solo queda la huella de tu presencia.

Seguramente esto es lo que se llama impermanencia.

¿Cómo puedo detener los vientos del karma?

¡Ay! ¡Ay! Señor de Orgyen,

En el pasado, tu consejo ha fortalecido al Tíbet.

Pero ahora solo tenemos una leyenda para escuchar:

Seguramente esto es lo que se llama cambio y surgimiento.

¿Cómo puedo ganar una convicción inquebrantable?

¡Ay! ¡Ay! Señor de Orgyen,

Hasta ahora he sido tu compañera constante

Pero ahora el Gurú se está desvaneciendo en el cielo

Dejando a esta mujer en su lecho de mal karma.

¿Quién me dará poder y bendición?

¡Ay! ¡Ay! Señor de Orgyen,

Tus palabras han estado llenas de instrucciones profundas,

pero ahora te disuelves en el espacio.

Dejando a esta mujer atada al cuerpo detrás de ti.

¿A quién puedo pedir que disuelva los obstáculos y me inspire?

¡Ay! ¡Ay! El compasivo

Por favor concédeme tres simples palabras de consejo.

Mírame siempre con compasión,

Por favor recuerda el Tíbet en tus oraciones que cumplen todos los deseos.

Recogemos, por su incomparable belleza y valor dhármico, algunas de las respuestas del maestro:

Escucha, hija, Océano de Talento (…)

Si tienes miedo del nacimiento y de la muerte, asimila las enseñanzas del Buda (…).

Escucha, consorte virtuosa y fiel.

Pema Jungne se va por el bien de todas las criaturas.

La compasión universal y no discriminatoria

No puede compararse con el velo de ilusión de la humanidad.

Para estar conmigo siempre, practica Gurú Yoga,

Y las apariencias idealizadas surgirán como el Lama; (…)

Tú, mujer, después de alcanzar el siddhi, posees un cuerpo superior,

Así que pídele a tu mente superior los empoderamientos y bendiciones:

No hay un mejor regente de Gurú Pema que tú misma. (…)

Escucha, realizada Radiante Luz Azul,

Te he dado muchos consejos e instrucciones en el pasado,

Todo lo cual se comprime en este último recurso.

Practica este Gurú Yoga (…)

No hay nada mejor que esto, Tsogyelma.

Y no hay ni incremento ni disminución de mi compasión;

Es imposible romper mi rayo de compasión que brilla sobre Tíbet;

Siempre estoy presente ante mis hijos que me rezan;

Nunca estoy separado de los que profesan fe (…)

Después de estas y otras palabras, se escucha a cientos de dakinis y a herukas tocar instrumentos y cantar bellas melodías y se aprecia cómo Gurú Rinpoché se desvanece. Ante lo cual, desesperada, llorando, tirándose del pelo, rodando por el suelo, Yeshe Tsogyal clama:

¡Oh Guru Rinpoché! ¡Un único Buda Ejemplar! ¡Nuestro único padre y salvador! ¡El único ojo del Tíbet! ¡Mi único corazón! ¡No tienes piedad! ¿Por qué me torturas así? ¡Ay! ¡Qué día tan desgraciado!

Gurú Rinpoché se da la vuelta y le da un estamento que no ha quedado en el texto escrito, pues siempre permanece oral. Y ella vuelve:

¡Ay! ¡Oh, miseria! Señor de Orgyen, ¿dejarás el Tíbet en vacío? ¿Retirarás la luz de tu compasión? ¿Abortarás la enseñanza del Buda? ¿Rechazarás vergonzosamente al pueblo tibetano? ¿Dejarás a tu Tsogyel sin refugio? ¡Sé compasivo!

De nuevo, Gurú Rinpoché le transmite otro estamento, que no ha quedado recogido, y Tsogyal vuelve a reclamar su atención. Después de esta súplica, una esfera de luz entra por la coronilla de Tsogyal aunando el legado del paranirvana de Gurú Rinpoché; después de otra súplica desesperada, otra vez se produce una transmisión del segundo legado del paranirvana del maestro. Y viendo que, finalmente, Padmasambhava está desvaneciéndose, la yoguini entona una canción llena de angustia y pesar:

¡Ay! Oh Venerable Orgyen Rimpoche,

Único padre y protector del Tíbet,

Ahora te has ido a Khandro Ling y el Tíbet se ha quedado vacío.

Joya esencial, ¿dónde estás ahora?

En verdad no hay ir y venir,

Pero hoy te fuiste al reino de Orgyen.

El sol se ha puesto detrás de todos los hombres y dioses,

¿quién abrigará a los que no tienen ropa y a los que van desnudos?

Un ojo ha sido arrancado del rostro de todos los hombres,

¿quién guiará a los ciegos con sus miradas impertérritas de cristal?

El corazón ha sido arrancado del pecho de todos los hombres,

¿quién guiará estos cuerpos pensantes?

Viniste aquí por el bien de todos los seres,

Entonces, ¿por qué no te quedas aquí para siempre?

¡Ay! ¡Oh miseria! ¡Orgyen Rinpoche!

Un tiempo de oscuridad y tristeza ha caído sobre el Tíbet,

un tiempo en que las ermitas permanecen vacías,

un tiempo en que el Trono del Dharma está vacante,

un tiempo en que la Vasija del Empoderamiento está vacío,

un tiempo en que la revelación de la Mente se mezcla con engreimiento,

un tiempo en el que habrá que recurrir a los libros para la instrucción,

un tiempo en el que solo podremos visualizar el Lama,

un tiempo en el que tendremos que confiar en el simbolismo de pinturas y esculturas,

un tiempo en el que sólo los sueños nos mostrarán la visión pura,

Estos son los fenómenos de este desafortunado momento que nos sobreviene.

¡Ay! ¡Ay! ¡Venerable Señor de Orgyen!

Míranos con compasión, Orgyen, ¡Maestro de la Verdad!

Después de orar así, el maestro, finalmente, se marcha, pero se efectúa la última transmisión la mente iluminada del maestro a su discípula-consorte, lo que resulta en una confianza indomable en la yoguini, y todos sus miedos y esperanzas se desvanecen, sus tormentos fruto de la confusión emocional son mitigados y amanece en ella una intuición de la eterna inmanencia del Lama. Ahora se entiende y se cumple perfectamente lo que la dakini ya intuía en unos episodios anteriores de su vida, cuando ella misma dijo:

El Gurú y la Dakini, pareja mística, con ambiciones idénticas, servimos a los seres con medios hábiles y una visión perfecta; con las mismas proyecciones de apariciones controlamos el mundo fenoménico; con los mismos conocimientos y talentos trabajamos para el bien de las enseñanzas y para el de todos los seres vivos; con la misma actividad kármica utilizamos los cuatro modos de transformación a voluntad. En definitiva, Pema Jungne y Yeshe Tsogyel son idénticos al Yab-Yum del Absoluto: nuestro Cuerpo, Discurso, Mente, Actividad y Calidad son el mismo con el espacio omnipresente.

Después de la muerte del gurú, la biografía cuenta que Tsogyal pone en práctica su austeridad final: "el intercambio de mi karma por el de los demás", en el que toma o trabaja con el sufrimiento de los seres. Y dice:

Le di mi cuerpo a carnívoros voraces, alimenté a los hambrientos, vestí a indigentes que pasaban frío, di medicamentos a los enfermos, di riquezas a los pobres afectados, di refugio a los desamparados y di mis partes sexuales a los lujuriosos. En definitiva, para beneficiar a otros di mi cuerpo y mi vida.

En esta fase de su práctica, hay dos retos especialmente difíciles que se le presentan. Da partes de su cuerpo a otra persona para que la utilicen en una operación de trasplante. También vive como pareja de un hombre extremadamente enfermo y repulsivo, que clamaba por compañía.

Después se cuenta cómo la yoguini tiene innumerables discípulos, tanto hombres como mujeres, y conduce a muchos de ellos a altos niveles de realización. También esconde muchas termas en muchos lugares que fueron redescubiertos después y pasa periodos prolongados en diferentes sitios sagrados del Gurú haciendo práctica espiritual y beneficiando a los seres.

Llegamos, finalmente, al último capítulo, en el que se narran los frutos y el paranirvana de la dakini. Se cuenta que, gracias a sus múltiples logros e infinita compasión, Tsogyal empieza a manifestarse por el universo en diferentes formas para satisfacer cualesquiera que sean las necesidades de la gente: comida, riqueza, ropa, etc.:

A los hambrientos me aparecí como una montaña de comida, trayéndoles felicidad; a los pobres me aparecí como un sinfín de riquezas, trayéndoles felicidad (…); a los sin hijos me presenté como hijos e hijas; (…) a los paralizados por el miedo a bestias salvajes y fantasmas me aparecí como repelentes para sus perseguidores; a los que habían caído en un abismo, los rescaté; a los seres en el bardo me manifesté como una deidad Yidam (...) Salvé a los seres de sus tormentos, sin importar cuál fuera su sufrimiento, trayéndoles felicidad. En resumen, dondequiera que esté en la vida sensible, están los cinco elementos; Dondequiera que estén los cinco elementos hay espacio; en la medida en que mi compasión es una misma con el espacio, impregna todas las emociones humanas.

La última historia que se cuenta antes de las enseñanzas y profecías de Tsogyal antes de morir es “la flor Mandarava vino desde india. Emergiendo del cielo con sus seis discípulos, me saludó. Se quedó conmigo durante treinta y nueve días humanos e intercambiamos e hicimos más sólidos nuestros preceptos, teniendo discusiones infinitas sobre Dharma”.

Mandarava era la emanación del cuerpo de Vajravarahi y la mayor consorte de Padmasambhava en India. Las dos mujeres intercambiaron enseñanzas avanzadas y escribieron elogios la una de la otra. Ambas expresaron su unidad con la otra y se comprometieron a trabajar para la iluminación de todos los seres. Mandarava acaba su poema a Tsogyal así:

Que yo pueda ser una contigo, Maestra del Poder Mágico,

En lo sucesivo, la claridad inundará la esfera de pureza en tu campo de luz de loto,

Y tú y yo proyectaremos emanaciones del karma de Buda,

Como formas de la compasión de Gurú Pema, el de la Guirnalda de Calaveras:

Que podamos vaciar las profundidades de los tres reinos de samsara.

Inmediatamente después, la narración concluye con la muerte de Tsogyal. Su partida también está protagonizada por los lamentos y súplicas de sus discípulos, que le piden que no les abandone. Por ello Yeshe Tsogyal concede muchas enseñanzas e instrucciones, así como profecías en las que explica, por ejemplo, en qué emanaciones volverá. Finalmente, Yeshe Tsogyal “permaneció en un estado de samadhi que condujo a todas las cosas a la extinción” y

con esta despedida terminó, y la luz, reluciente, resplandeciente, con colores espléndidos vívidos, se dirigió hacia el Sur-Oeste y desapareció de la vista. Todos los que fuimos testigos de esta partida final nos postramos innumerables veces después de ella... Luego nuestras mentes se llenaron de dolor, nuestros corazones se hincharon, sentíamos nuestros estómagos en nuestras bocas, nuestras lágrimas inundaron el camino, tambaleándonos, incapaces de controlar a nuestros cuerpos jadeando y agitándonos. Nos retiramos a la cueva de meditación... donde pasamos la noche.

Así termina la historia de Yeshe Tsogyal, que la cierra Gyalwa Jangchub afirmando su autoría y la de Namkhai Nyingpo.

Por qué lloran los yoguis y otras reflexiones

Si bien la biografía de Yeshe Tsogyal es suficientemente exhaustiva y completa, me gustaría comentar algunos aspectos que probablemente resulten sorprendentes a un novel en el tantrayana.

Primero, y cómo no podía ser de otra forma, quisiera hablar brevemente sobre la relación gurú-discípulo. La biografía de Yeshe Tsogyal es una enseñanza bellísima sobre la profundidad y eficacia de un camino vehiculado por la devoción. La devoción permite, parafraseando a Dzongsar Khyentse Rinpoché, “matar las asunciones”, que son el principal lastre en el camino de cualquiera que quiera ver la realidad tal cual es. Como dice Khyentse Rinpoché, el gurú “desmantela la perfecta maquinaria de la ilusión” e introduce al discípulo en la visión pura de los fenómenos, pues él o ella ha realizado la naturaleza búdica de su mente. Se trata de un entrenamiento muy exigente —precisamente porque implica dejar de lado las concepciones ordinarias, moralistas, maniqueas, egoicas, etc.— pero, por ello mismo, altamente efectivo si se practica con determinación y confianza en el método. Y Yeshe Tsogyal es un claro ejemplo del éxito de la propuesta.

Por eso mismo, y a pesar de sus altísimas realizaciones, Yeshe Tsogyal reacciona de manera tan dramática al ver morir a su maestro: el faro del mundo, aquél que le ha mostrado y la ha acompañado en el camino a la iluminación, se marcha. Pero no es solo grave para ella —y en esto reside el pesar por su muerte—: es esencialmente grave para todos los seres que siguen deambulando en la confusión y dolor absolutos de samsara. Como gran bodhisattva que es, Yeshe Tsogyal entiende que la muerte de su gurú implica un aciago futuro para la humanidad. Aunque, por suerte para nosotros —pues no debemos olvidar que esta biografía es para nosotros—, y como él mismo recuerda refiriéndose al Gurú Yoga, en el potencial iluminado de nuestra mente reside el encuentro sagrado con Gurú Rinpoché.

En segundo lugar quisiera destacar cómo, habitualmente, pensamos que los practicantes espirituales, y especialmente los que han obtenido las más altas realizaciones, son seres prácticamente "etéreos", sin apetitos ni necesidades mundanas. Sin embargo, en esta biografía vemos claramente como esto no resulta así: prueba de ello es, por ejemplo, la visión de unos hombres atractivos insinuándose y tentando a la joven yoguini. No sería descabellado pensar que Yeshe Tsogyal tuviera una sexualidad despierta y activa, debido a su juventud o simplemente a su personalidad, y que también tuvo que amaestrar. Si bien es cierto que tampoco tendría demasiado sentido poner un énfasis excesivo en esta escena en concreto, me parece un buen retrato de la humanidad de nuestra protagonista y de las posibilidades de transformación dentro del camino vajrayana.

Ahora bien, en estos tiempos en los que recibimos avisos de enseñanzas rarísimas, pertenecientes a linajes preciosos mediante una newsletter —a la que ni siquiera nos hemos inscrito—, las múltiples pruebas a las que se enfrenta Yeshe Tsogyal para practicar son de una determinación admirable. Cualquier elemento que hiciera tambalear una milésima parte cualquiera de los dharmas mundanos en los que nos ufanamos, tumbaría nuestras pobres ganas por practicar.

Leyendo a Yeshe Tsogyal, sin embargo, podría decirse que resuena con claridad el famoso “rugido del león”. Ella, además de las dificultades inherentes a la propuesta espiritual, como mujer, e igual que muchas otras yoguinis del pasado, tuvo que enfrentarse a la crítica, el rechazo, la persecución y, en muchos casos, también a la agresión, por querer entregarse al Dharma. Pero igualmente se dedicó al camino, y de forma tenaz e intrépida: en realidad, la conciencia de la impermanencia y del precioso renacimiento humano urgían a hacerlo.

Finalmente me gustaría señalar qué representa esta gran yoguini para muchos practicantes. Cuenta Simmer-Brown que, en 1959, escapando de la invasión China, Chogyam Trungpa Rinpoché y algunos de sus discípulos se refugiaron en la tierra de Pema Kö. En una cueva, Chögyam Trunga se puso a cantar los siguientes versos de Chökyi Gyatso:

Madre de todos los Victoriosos, amorosa Ama Tsogyal,

Refugio en esta vida y en todas las que sigan, muy bondadosa madre, te echo de menos.

Este niño pequeño, al pensar en Ama, simplemente no puede soportarlo todo.

Ama la, querida, por favor, muéstrame un signo claro de tus bendiciones.

Estos versos, que han pasado de generación en generación, emanan un linaje ininterrumpido de bendiciones y entrañan las profundas realizaciones de Yeshe Tsogyal, así como el impacto que ha dejado su historia en el Tíbet y en los tantrikas. Se considera que Tsogyal es la “madre de los victoriosos” porque ella no es otra cosa que una emanación de la Prajnaparamita, es decir, la naturaleza inefable y atemporal, clara y prístina de los fenómenos. Así, al invocar a Yeshe Tsogyal, se invoca también la protección última, la de la vacuidad, y la posibilidad de actualizar la experiencia del despertar en nosotros mismos, tal y como ella lo hizo.

Así que, aunque el practicante medio, común, pueda sentirse algo avasallado por la vida y realizaciones de la gran yoguini del Tíbet, hay algo especialmente inspirador de las biografías de grandes practicantes como ella para los que aún gateamos en el camino. Lo verdaderamente extraordinario de su vida es su fortísima renuncia a los enredos convencionales, a las aspiraciones mundanas y fútiles, pues tan sólo limitan y empequeñecen la experiencia misma. Y es desde ahí de donde surgen los milagros y obras extraordinarias de Yeshe Tsogyal: de un acérrimo afán por aunar práctica y vida, que resulta en un compromiso y pasión inexpugnables por la vida y los seres.

Quizás no estemos tan lejos del ejemplo de la gran dakini. Quizás tan solo tenemos que realizar que cualquiera de nuestras pequeñas y absurdas neurosis y logros frívolos son una forma de dilatar la iluminación última. El ímpetu y determinación con el que queramos despertar aquí y ahora será lo que nos acercará o alejará de los pasos de Yeshe Tsogyal. Que seamos, pues, dignos herederos de su camino.

¡Que seamos uno con en el Budadharma, igual que ella lo es con Gurú Rinpoché! ¡Que jamás cese la actividad de la reina de las yoguinis!

Este artículo es un trabajo realizado por una alumna del Grupo de Profundización en el Budismo.

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NOTAS

(*) El texto en el que me he basado para hablar sobre Yeshe Tsogyal es una terma, es decir: un texto-tesoro. Por lo tanto, hablar de la biografía de Yeshe Tsogyal es hablar de Dharma, por lo que la autora es un altavoz mediocre y no cualificado. Igualmente, intentaré explicarlo por si resulta de interés y beneficio a alguien, pero animo encarecidamente a la audiencia a recibir el texto y la explicación de este de un/a maestro/a cualificado/a.

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Los fragmentos citados de la biografía son traducciones, en su mayoría, realizadas por mí misma, ya sea basándome en la traducción de Keith Dowman o en la de la Editorial Padmakara. En algún caso también he utilizado las traducciones de Simmer-Brown 2007.

La mayoría de las ilustraciones son del trabajo de Keith Dowman, citado abajo.

Para no distraer al lector con referencias bibliográficas, las he omitido del texto. Pero cualquier persona que esté interesada en saber las referencias específicas de las citas, puede contactarnos para que le facilitemos el artículo con las referencias claras. Igualmente, a continuación detallo los textos empleados para la redacción del artículo:

Bibliografía

  • Dowman, Keith (1984) Sky Dancer: The Secret Life and Songs of the Lady Yeshe Tsogyel. Snow Lion Publications: London.

  • Gardner, Alexander (2018). “Yeshe Tsogyel”. Página web Treasury of lives. Disponible en línea: https://treasuryoflives.org/biographies/view/Yeshe-Tsogyel/TBRC_P7695

  • Gross, Rita M (1987) "Yeshe Tsogyel: Enlightened Consort, Great Teacher, Female Role Model." The Tibet Journal 12, no. 4: 1–18.

  • Khyentse, Dzongsar Jamyang (2016). The Guru drinks bourbon? Shambala Editions: India.

  • Lion’s Roar ed. (2016). “What are the three kayas?”. Revista online Lion’s Roar. Disponible en línea: https://www.lionsroar.com/buddhism-by-the-numbers-the-three-kayas/

  • Mora, Fernando (2006). Las enseñanzas de Padmasambhava y el budismo tibetano. Editorial Kairós: Barcelona.

  • Simmer-Brown, Judith (2007). El cálido aliento de la dakini. MTM Editores: Barcelona.

  • Simmer-Brown, Judith (s.f.). “Yeshe Tsogyal: Mother of the Victorious Ones”. Extracto del libro The Life and Visions of Yeshe Tsogyal. Editorial Shambala. Disponible en línea: https://www.shambhala.com/yeshe-tsogyal-mother-of-the-victorious-ones/

  • Tchangtchoub, Gyalwa y Nyingpo, Namkhai (2005). La vie de Yéshé Tsogyal. Souveraine du Tibet. Éditions Padmakara: Peyzac-le-Moustier.

  • Willis, J.D. (2009) “On the Nature of rNam-thar: Early dGe-lugs-pa Siddha Biographies” en: Aziz, B.A. & Kapstein, M. (eds.) Soundings in Tibetan Civilization (Kathmandu): 304-319.


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