Los vegetarianos escondidos del Tíbet

Artículo traducido por Casa Virupa de Tricyle


A mediados del siglo XIX, el maestro de budismo tibetano Nyala Pema Dündul compuso un poema en el que describió una experiencia visionaria reciente. En esta breve obra, recuerda despertarse una mañana y empezar su práctica diaria habitual, centrada en Avalokiteshvara, el bodhisattva de la compasión. De repente, su percepción cambió, y en vez de tener que visualizar conscientemente a la deidad, era capaz de ver y hablar con Avalokiteshvara directamente, como si el bodhisattva estuviera realmente presente. Como si de un guía turístico se tratara, Avalokiteshvara condujo a Nyala Pema Dündul a través de los diversos reinos infernales, en los que observó gente torturada por demonios con cabeza de animal. Estos tormentos, explicó Avalokiteshvara, eran la consecuencia inevitable de haber comido carne en una vida anterior. Quizás no sorprenda que Pema Dündul cuente a sus lectores que salió trastocado de su visión, lamentando el hecho de que él mismo hubiera comido carne. “¡Que las tres joyas sean mi testigo!” escribe, “En el pasado, la ignorancia y el hábito me condujeron a comer la carne de los seres…De ahora en adelante, ¡que el pensamiento de comer carne no pueda ni siquiera entrar en mi mente! Si la como, ¡que las tres joyas me castiguen!”


Nyala Pema Dündul no era el único al que le preocupaba comer carne. De hecho, en el Tíbet, una dieta sin carne era mucho más común de lo que se pudiera esperar. A día de hoy, he identificado a más de 110 lamas – instructores religiosos – que tomaron la decisión de abandonar la carne y que estaban activos antes de la invasión china en la década de 1950. Dado que la historia del budismo en el Tíbet abarca un periodo de 1300 años, 110 podría no parecer un número demasiado grande. Pero representa únicamente aquellos individuos que he podido identificar por su nombre – deben haber existido muchos más que aún no se han podido rastrear. El que uno deba o no comer carne era un debate real y activo en el Tíbet premoderno, y el vegetarianismo no era una respuesta poco frecuente.


Sin embargo, el simple hecho de que el vegetarianismo existiera en el Tíbet es prácticamente desconocido hoy en día. De hecho, los practicantes contemporáneos de budismo tibetano – tanto los de origen tibetano como los occidentales – tienden a asumir que el vegetarianismo no era de mucha importancia. Me han dicho una y otra vez que investigar la historia del vegetarianismo tibetano era inútil, ya que la dieta simplemente no existía. Esta asunción contiene además un argumento contra la adopción del vegetarianismo en la actualidad. De la misma forma que los seguidores de otras tradiciones, los practicantes de budismo tibetano suelen observar el ejemplo de anteriores maestros para guiar su propia conducta. Por lo tanto, no resulta sorprendente que los budistas contemporáneos suelan responder a la pregunta de por qué comen carne señalando que maestros reverenciados del pasado así lo hacían. El vegetarianismo, según este punto de vista, es una innovación moderna extraña al budismo tibetano tradicional y, por tanto, se debería desconfiar de él.


La visión de Nyala Pema Dündul’s de un reino infernal para consumidores de carne. Ilustración por Paul Hostetler.


Pero esto no es cierto. El vegetarianismo no sólo estaba presente en el Tíbet pre-comunista; era, de hecho, un aspecto significativo de la práctica religiosa tibetana. No es que el vegetarianismo fuera norma en algún momento – incluso entre los devotos parece haber sido siempre una práctica minoritaria. Pero era una minoría significativa y vocal. Es más, estos lamas vegetarianos venían de todos los principales linajes budistas del Tíbet, de todas las regiones y todas las épocas. Algunos fueron figuras menores, pero otros estaban entre los maestros más importantes de su era y siguen siendo muy conocidos siglos después. Dolpopa, el fundador del linaje Jonang del siglo XIV, se hizo vegetariano al ordenarse completamente a los 22 años de edad. Jikten Gonpo y Taklung Tangpa, los fundadores de Drigung Kagyu y Taklung Kagyu en el siglo XII, fueron vegetarianos toda su vida, del mismo modo que el fundador de los Ngor Sakya del siglo XV, Ngorchen Kunga Zangpo. Al menos siete miembros del linaje Karmapa han sido vegetarianos. El maestro del siglo XIX Shabkar Tsokdruk Rangdrol, su contemporáneo Patrul Rinpoche y el polímata Bon del siglo XX Shardza Tashi Gyaltsen, así como muchos otros, fueron vegetarianos acérrimos.


Si alguien está motivado por el deseo de comer la carne de los seres, entonces los carniceros capturarán animales tales como yaks u ovejas y cortarán sus mentes de sus cuerpos. ¿Cómo pueden ser seguidores del Buda los que se alimentan de carne y sangre? ¡Gente tiene el orgullo de considerar estar beneficiando a los seres y protegiendo a los débiles, pero sus acciones contradicen los preceptos! La carne no es otra cosa que la causa de acumular pecados terribles.

— Shardza Tashi Gyaltsen, Las Faltas de Comer Carne


A veces los textos no sólo nos dicen que un individuo se hizo vegetariano, sino que también describen las circunstancias en que ocurrió, aunque no todas son tan vívidas como la de Nyala Pema Dündul. Shabkar estaba recorriendo el circuito de peregrinaje en Lhasa, la capital de Tíbet, cuando se encontró con los cuerpos de numerosas ovejas y cabras que se había sacrificado para alimentar a la ciudad. Una ola de compasión surgió en él y se dirigió inmediatamente frente al Jowo, la estatua de Buda Shakyamuni que se encuentra en el corazón del Jokhang, el templo más sagrado del Tíbet. Mirando hacia arriba a la estatua, Shabkar tomó el voto de no volver a comer carne nunca más. Era tan firme en su vegetarianismo, nos cuenta, que los sponsors retiraban toda la carne de sus casas antes de que llegara de visita, con miedo de que se enfadara con simplemente verla. El visionario Nyingma Jigme Lingpa tuvo una experiencia similar al ver una fila de cabras atadas y esperando a ser sacrificadas. Un poderoso sentido de compasión surgió en él – más poderoso, de hecho, que cualquier otra práctica que hubiera realizado previamente. Décadas más tarde, describiría esta experiencia como “el acontecimiento más importante de mi vida”.


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Si todos estos maestros estaban unidos en su aversión a la carne, también lo estaban en la creencia de que una dieta vegetariana no era nada saludable. Según la medicina tibetana, el cuerpo humano tiene tres humores principales: viento, bilis y flema. Si están equilibrados, la persona está sana. Si los humores se desequilibran, aparecerá la enfermedad. Desde esta perspectiva, se consideraba que la carne mantenía el viento bajo control. Incluso muchos de los vegetarianos creían que, sin carne, el humor del viento se hace demasiado fuerte y el cuerpo se vuelve débil y agitado. A pesar de ello, algunos tibetanos rechazaron conscientemente la carne incluso cuando preveían que ello impactaría directa y negativamente en su salud. La biografía de Jikten Gonpo explica que, al final de su vida, se le ofreció un caldo medicinal para prolongar su vida hecho con polvos secos de pulmón de yak. Vegetariano durante toda su vida, lo rechazó y murió poco después. De forma similar, la biografía de Ngorchen Künga Zangpo cuenta en numerosas ocasiones que su dieta vegetariana le dejaba débil y enfermizo. Ambos textos fueron escritos por discípulos cercanos y se puede detectar un ápice de frustración por el hecho que sus maestros optaran por el vegetarianismo por encima de la salud y del tiempo con sus estudiantes. Para estos escritores, así como para prácticamente cualquier otro tibetano al que haya leído, el vegetarianismo se percibía como una práctica ascética dañina para la salud que podía llevar a la enfermedad e incluso a la muerte prematura.


Entonces, ¿por qué hacerlo? ¿Por qué todos estos maestros escogieron una dieta que consideraban que era dañina para ellos deliberadamente? La respuesta es la compasión; para muchos líderes religiosos tibetanos, la compasión era y es el centro de toda práctica religiosa. En palabras de Shardza Tashi Gyaltsen: “la compasión es la esencia de todas las enseñanzas del Buda.”


La compasión puede querer decir muchas cosas, incluso entre los budistas. Pero la mayoría de los autores tibetanos con los que me he encontrado están de acuerdo en que la práctica de la compasión incluye el intentar reducir el sufrimiento de “los demás”, una categoría que inequívocamente incluye a los animales. Hay una corriente de filosofía euro-americana que considera a los animales irreduciblemente diferentes a nosotros, desprovistos de alma y, por lo tanto, sin ningún tipo de estatus moral. Por ejemplo, es conocida la descripción que hizo Descartes de los animales como meras máquinas, un punto de vista que usó para justificar la vivisección y otras prácticas violentas. En contraste, los autores tibetanos aclaran que los animales son seres sintientes con mentes y emociones. No son necesariamente tan inteligentes como los humanos, pero pueden experimentar dolor físico y emocional. Es más, son capaces, como mínimo, de prever el futuro cercano y así experimentar un profundo terror cuando saben que el dolor es inminente.


Todas estas ideas están captadas en un pasaje de la autobiografía de Jigme Lingpa:



— traducción al español del inglés de Geoffrey Barstow


Para Jigme Lingpa, el sufrimiento animal es real. Y, por cuanto el sufrimiento animal es real, los humanos que afirman practicar la compasión tienen la obligación de reducirlo— significando esto que deben parar de comer carne.


Más allá de señalar la conexión causal entre comer carne y el sufrimiento animal, Jigma Lingpa, Shardza Tashi Gyaltsen, y otros lamas vegetarianos también refutaron contrargumentos. Una de las objeciones más importantes es la cuestión acerca de lo que el propio Buda dijo sobre comer carne. Como los apologistas de la carne señalan, el canon tibetano incluye sutras en los que Buda explícitamente permite a los monjes comer carne, mientras la carne en cuestión se adhiera a la “regla de la triple pureza”. Esta regla establece que los monjes pueden comer carne mientras no hayan visto que la carne haya sido sacrificada específicamente para su consumo, no hayan oído que haya sido muerta para ellos y no hayan ni sospechado que haya sido muerta específicamente para ellos. Dado que la carne con la triple pureza no había sido sacrificada específicamente para el consumidor, la persona que la comía estaba aislada de la responsabilidad (y, por lo tanto, de las repercusiones kármicas) del acto pecaminoso de matar.


En su mayor parte, los lamas que simpatizaban con el vegetarianismo aceptaban que la regla de la triple pureza era una enseñanza auténtica de Buda. Más que atacar la regla directamente, por lo tanto, típicamente argumentaban que no aplicaba en un contexto tibetano. Específicamente, argumentaban que la regla de la triple pureza solo aplica a shravakas, aquellos que practican ciertas formas de budismo que los lamas tibetanos generalmente observan como inferiores a las propias, camino Mahayana. Sakya Pandita lo explica en su Discriminación de los tres votos: “los Shravakas pueden comer carne que tiene la triple pureza... En el Mahayana, la carne está prohibida. Comer carne, se enseña, causa un renacimiento en los reinos inferiores”. Para apoyar este argumento, Sakya Pandita y otros apuntan a los textos canónicos Mahayana como el Lankavatara Sutra y el Mahayana Mahaparinirvana Sutra, los cuales afirman de manera inequívoca que la regla de la triple pureza se enseñó solo para aquellos que practican el vehículos de los shravakas. Como el camino Mahayana toma la compasión como su foco central, argumentan dichos sutras, la regla de la triple pureza ya no aplica y los monjes no pueden comer carne.


Cuando pienso en el sufrimiento que comer carne conlleva, no puedo soportar el dolor y angustia que siento en mi corazón.
— Nyala Pema Dündul, Canción de consejo para dejar de comer carne

Un segundo argumento esgrimido por los apologistas de la carne era que su práctica tántrica implicaba que podían tomar carne sin preocupación; aquí invocaban generalmente también la idea de que los practicantes tántricos deben activamente transgredir las normas sociales o el hecho de que los rituales tántricos requieren ofrendas de carne. Como respuesta, autores simpatizantes con el vegetarianismo acostumbran a pedir a sus lectores que evalúen de manera realista su propio nivel espiritual antes de hacer algo potencialmente carente de ética. “Deberías pensar así,” Jigme Lingpa advertía a sus estudiantes en su enseñanza Comprometerse en el Camino a la Liberación. “En un contexto tántrico, es genial si alguien ha desarrollado el poder de concentración, de modo que no está contaminado por los oscurecimientos y puede beneficiar a los seres a través de una conexión de su carne y sangre. Pero no tengo esta confianza”.


En general, Jigme Lingpa y otros lamas vegetarianos parecen haber contemplado tales argumentos pro-carne como mera sofistería intelectual. En vez de tratar de encontrar una forma de justificar comer carne por motivos religiosos, han escrito, los practicantes deberían primero reconocer y aceptar que era pecaminoso y hacer entonces lo posible por dejarlo. Esto no significa necesariamente que exigieran vegetarianismo completo entre sus estudiantes. Pero querían que estudiantes reflexionaran honestamente sobre lo que comían y luego cambiaran su dieta en la medida que sintieran que podían. Lo ideal era que alguien se volviera completamente vegetariano: Shabkar recuerda con cierto placer que convirtió a 300 de sus discípulos al vegetarianismo completo. Pero si un individuo sentía que era imposible, entonces podía al menos tratar de reducir su consumo. Biografías tibetanas están repletas de ejemplos de individuos que abandonan la carne por un día al mes o un mes al año. El punto importante era dejar de engañarse acerca de las consecuencias de tu dieta y luego hacer todo lo posible, incluso a sabiendas de que dejar la carne no era saludable.


¿Dónde nos lleva esto a día de hoy? Por un lado, seguramente es hora de dejar de lado la vieja idea de que todos los lamas tibetanos a lo largo de la historia comieron carne. En lugar de un tema resuelto, la cuestión del consumo de carne fue objeto de un debate en curso y polémico, ya que si bien muchos lamas ciertamente comieron carne, muchos otros no. No solo es inexacto sugerir lo contrario, sino que denigra el esfuerzo que estos maestros pusieron en practicar y promover lo que fue, para ellos, una dieta difícil y peligrosa.


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De hecho, la idea de que el vegetarianismo no era saludable era el único argumento que podía convencer lamas firmemente vegetarianos tanto para comer carne ellos mismos como para permitirlo entre los discípulos. Pero este argumento descansaba en dos pilares: la dificultad de encontrar comida sin carne, y asunciones médicas sobre el rol de la carne en la salud humana. Y ambos pilares se están agrietando en la actualidad. Hay muchas más opciones de alimentos disponibles que hace solo una década o dos, incluso en pastizales nómadas remotos. Y la incursión de la medicina occidental ha dado lugar a suposiciones cambiantes sobre la necesidad médica de la carne. Debido a estos cambios, muchos tibetanos aceptan ahora que uno puede estar perfectamente saludable siendo vegetariano. ¡Algunos hasta me han dicho que el vegetarianismo es más saludable que comer carne!


Este cambio de actitud ha ayudado a abrir un espacio cultural para el vegetarianismo, permitiendo la aparición de un poderoso movimiento vegetariano en el Tíbet contemporáneo. Muchos monasterios que solían servir carne, por ejemplo, ahora son vegetarianos. Visité el monasterio de Dzogchen en la región tibetana oriental de Kham. Los monjes comían juntos de tres grandes recipientes de sopa. Uno de estos depósitos era vegetariano; los otros dos tenían carne. Cuando regresé en 2012, las ollas todavía estaban en uso, pero las tres eran ahora vegetarianas. Del mismo modo, solía ser difícil encontrar comida vegetariana en los restaurantes, pero hoy en día los restaurantes suelen incluir menús enteros de comida vegetariana, incluso fuera de las principales ciudades y pueblos. Al ver este aumento en la popularidad del vegetarianismo, las compañías chinas recientemente comenzaron a comercializar tofu y otros aperitivos de "carne falsa" directamente a los tibetanos.


Algunas personas han sugerido que este movimiento está más conectado con influencias externas que internas. Por ejemplo, en un artículo de 2013 escrito por la tibetóloga francesa Katia Buffetrille citaba un comentario de Jamyang Kyi, un blogger tibetano, diciendo que el vegetarianismo contemporáneo es una "moda inspirada por los budistas chinos y los vegetarianos occidentales". Afirmaciones como esta ignoran, sin embargo, la larga historia del vegetarianismo en el propio Tíbet— una que honra las preocupaciones tradicionales tibetanas sobre el sufrimiento animal, ahora viendo una vida nueva en un contexto en el que el vegetarianismo se considera una dieta razonable y saludable.



Geoffrey Barstow es profesor asistente de estudios religiosos en Oregon State University. Es el autor de Food of Sinful Demons: Meat, Vegetarianism, and the Limits of Buddhism in Tibet, y trabaja, actualmente, en la edición de un volumen de textos tibetanos sobre este tema, que será publicado por Wisdom Publications a finales de 2019. Síguelo en Twitter @thelostyak.


Paul Hostetler es un ilustrador freelance y diseñador.


Traducido por el equipo de traducción de Casa Virupa de un artículo de Tricycle, autor Geoffrey Barstowotoño 2018: https://tricycle.org/magazine/tibetan-vegetarians/

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